Recientemente estaba recordando la linda experiencia que tuve al pasar un fin de semana en la playa. En ocasiones Dios nos habla de maneras tan lindas, aunque lo que requiere es que prestemos atención y observemos sus maravillas.
Al amanecer, puedes contemplar la hermosura del mar, escuchar la grandeza de la creación de nuestro Dios, sentirte tan necesitada de reconocer esa presencia en el corazón al ver esos paisajes tan maravillosos, todos ellos hechos con la misma inspiración que fuiste hecha tú y yo.
Fui invitada a realizar un acto de liberación de tortugas marinas por la mañana, éstas han sido criadas en lugar de reserva por aproximadamente cincuenta días, para conservar esta especie realizan el proceso de conservación, crianza y liberación.
Al tener en las manos a estas pequeñas, las ves tan frágiles, indefensas que lo único que piensas en dejarlas lo más cerca al mar, esperando que puedan sobrevivir al ingresar a la inmensidad del océano, y puedan encontrar ese norte que las ubicará en su destino, de manera natural tienen ese sentido de pertenencia.
Me maravillé al dejar a las pequeñas tortugas en la arena, y ver que cada una de ellas era seducida por la brisa del mar, la sal, el llamado a ingresar al lugar en a donde pertenecen, y lo asombroso saber por dónde navegar.
A las tortugas marinas nadie les enseña hacia donde tienen que conducirse, es por instinto y naturaleza que ellas caminan hacia donde pertenecen, nadie les da un mapa, una brújula o les crea un destino, ya lo traen en su propia naturaleza.
Reflexionando en esto, pensaba que así es nuestra naturaleza, aunque nadie nos enseña hacia donde caminar, en momentos de dificultad reconocemos que el único lugar al cual podemos entrar confiadamente es al trono de su gracia, seducida por su presencia, por su amor y misericordia, y ante todo por todo aquello que hay en nuestro interior tratando de dar a luz para cumplir con ese destino y propósito.
Por mucho tiempo intenté encontrar mi lugar en todo sitio, menos en el que Dios había puesto por naturaleza dentro de mí, había un llamado, una esencia, un lugar diseñado para mí. Aunque no lo sabía exactamente, así como esas pequeñas tortugas marinas, buscaba ese lugar de pertenencia, me seducía su voz, aunque no sabía de dónde venía, era llamada a buscar la voz de mi creador.
Finalmente, entendí que por naturaleza hay una parte de cada ser humano que busca ese lugar de pertenencia, y el único lugar seguro para encontrarlo es buscando su presencia, en este tiempo de observancia y reconocimiento de lo que Él es en mí, y lo que yo soy en Él, a esto le llamo INTIMIDAD.
Amada, no hay otro lugar a donde ir a encontrar quien eres tú, si no al lugar en donde tu creador puede revelarte tu esencia, tu propósito y quien realmente eres. No existe un plan o una ruta que alguien más pueda darte, en tu interior Dios ha puesto lo necesario para que, así como esas pequeñas tortugas encuentres tu lugar, a eso le llamo sentido de pertenencia.
Te dejo un abrazo y cariño, creyendo que Dios te está llamando a través de tu interior, de la naturaleza y de muchas otras formas para darte tu lugar de pertenencia, lo único es que necesita tu atención y tiempo para que le conozcas, lo recibas y camine en ello.

M.A. En Liderazgo y Emprendimiento
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